¿Jesús pidió permiso a Dios para hacer milagros?

Una de las objeciones más frecuentes planteadas por grupos unitarios o por otras corrientes monoteístas es que Jesús fue únicamente un profeta extraordinario: un hombre dependiente del “permiso” o de la concesión de poder divino para realizar milagros, de manera similar a Moisés, Elías o Eliseo.

Sin embargo, un análisis exegético del texto bíblico en sus idiomas originales, hebreo y griego koiné, revela un contraste significativo entre la forma en que actuaban los profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Jesús ejercía autoridad en el Nuevo Testamento. Mientras los profetas intercedían para que Dios actuara, Jesús frecuentemente hablaba y obraba con autoridad propia, presentándose no como un simple intermediario, sino como alguien que compartía una relación única y divina con el Padre.

La Dinámica de los Milagros en el Antiguo Testamento (Hebreo)

En el Tanaj (Antiguo Testamento), los profetas no aparecen como poseedores de poder milagroso inherente. Los milagros son entendidos como obras de Dios realizadas a través de siervos humanos. Las palabras hebreas אוֹת (ot, señal) y מוֹפֵת (mofet, prodigio) describen actos sobrenaturales cuyo origen pertenece a YHVH.

Elías y la resurrección del hijo de la viuda

(1 Reyes 17:20-22) Cuando el hijo de la viuda de Sarepta muere, Elías no ordena directamente el regreso de la vida mediante autoridad propia. El texto declara:

 

וַיִּקְרָא אֶל־יְהוָה וַיֹּאמַר… יְהוָה אֱלֹהָי תָּשָׁב נָא נֶפֶשׁ־הַיֶּלֶד הַזֶּה עַל־קִרְבּוֹ
“Y clamó a YHVH y dijo: ‘Oh YHVH Dios mío, te ruego que vuelva el alma de este niño a él’”.

El verbo וַיִּקְרָא (vayyikra) significa “clamó” o “invocó”. Elías actúa como un intercesor dependiente de la respuesta divina. El milagro ocurre únicamente después de que YHVH escucha su oración.

Moisés y el Mar Rojo

(Éxodo 14:15-21) Incluso Moisés, el mayor de los profetas, recibe instrucciones directas de Dios:

וַיֹּאמֶר יְהוָה אֶל־מֹשֶׁה מַה־תִּצְעַק אֵלָי… וְאַתָּה הָרֵם אֶת־מַטְּךָ

“Entonces YHVH dijo a Moisés: ‘¿Por qué clamas a mí?… y tú alza tu vara’”.


Moisés actúa en obediencia a una orden divina y utiliza la vara como señal visible de la intervención de Dios. Más adelante, el texto aclara que fue YHVH quien hizo retirarse el mar. Moisés no controla la creación; sirve al Creador.

La Dinámica de los Milagros de Jesús

En el Nuevo Testamento, los milagros de Jesús son llamados frecuentemente δυνάμεις (dynameis, obras de poder) y σημεῖα (semeia, señales). La diferencia principal no radica solamente en la magnitud de los milagros, sino en la manera en que Jesús actúa. En numerosos relatos, Jesús no aparece rogando para recibir poder en el momento del milagro, sino hablando con autoridad directa.

La resurrección del hijo de la viuda de Naín

(Lucas 7:14) A diferencia de Elías, Jesús no clama al cielo ni realiza un rito de intercesión. El texto griego dice:

καὶ εἶπεν· Νεανίσκε, σοὶ λέγω, ἐγέρθητι.

“Y dijo: ‘Joven, a ti te digo, levántate’”.

El pronombre σοὶ (soi, “a ti”) y la expresión λέγω (lego, “yo digo”) enfatizan que la orden proviene directamente de Jesús. Él habla como fuente inmediata de autoridad sobre la vida y la muerte.

Jesús y la tormenta

(Marcos 4:39) El relato describe a Jesús reprendiendo directamente al viento y al mar:

καὶ διεγερθεὶς ἐπετίμησεν τῷ ἀνέμῳ καὶ εἶπεν τῇ θαλάσσῃ· Σιώπα, πεφίμωσο.

“Y levantándose, reprendió al viento y dijo al mar: ‘Calla, enmudece’”.

El verbo πεφίμωσο (pephimoso) es un imperativo perfecto medio/pasivo que intensifica la idea de un silencio impuesto de manera definitiva. Más allá de la gramática misma, el contexto muestra que Jesús ejerce autoridad directa sobre la naturaleza.

Los discípulos reaccionan con temor diciendo: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?” Esta reacción tiene un trasfondo importante, pues el Antiguo Testamento presenta repetidamente a YHVH como soberano sobre las aguas y las tormentas (Salmo 107:29). Por ello, el pasaje sugiere que los discípulos percibieron en Jesús una autoridad extraordinaria asociada al actuar mismo de Dios.

Pasajes Frecuentemente Malinterpretados

Algunos textos son utilizados para argumentar que Jesús necesitaba “permiso” o que poseía una naturaleza inferior. Sin embargo, una lectura contextual ofrece otra perspectiva.

1. La tumba de Lázaro

(Juan 11:41-42) Antes de resucitar a Lázaro, Jesús declara:

Πάτερ, εὐχαριστῶ σοι ὅτι ἤκουσάς μου.

“Padre, gracias te doy porque me has oído”.

El verbo εὐχαριστῶ (eucharistō) expresa acción de gracias, no una petición de poder. Jesús mismo explica el motivo de sus palabras: “Lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado”. El propósito de la oración audible es pedagógico y revelacional. Luego, Jesús ordena directamente:

Λάζαρε, δεῦρο ἔξω.

“¡Lázaro, ven fuera!”.

El milagro ocurre mediante la autoridad de su palabra.

2. El Hijo no puede hacer nada por sí mismo
(Juan 5:19) El texto griego declara: οὐ δύναται ὁ Υἱὸς ποιεῖν ἀφ’ ἑαυτοῦ οὐδὲν… “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo…”

Leído aisladamente, este versículo puede parecer una negación de la divinidad de Cristo. Sin embargo, el contexto continúa:

ἃ γὰρ ἂν ἐκεῖνος ποιῇ, ταῦτα καὶ ὁ Υἱὸς ὁμοίως ποιεῖ. “Porque todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo igualmente”.

La expresión “no puede hacer nada por sí mismo” no describe incapacidad o falta de poder, sino imposibilidad de actuar independientemente del Padre. El énfasis del pasaje es la perfecta unidad entre ambos. 

Dentro del contexto judío del Segundo Templo, afirmar que el Hijo hace “todo lo que hace el Padre” era una declaración extraordinaria. Jesús no se presenta simplemente como un profeta obediente, sino como alguien que comparte las obras y prerrogativas divinas.

La Autoridad de Jesús y el Perdón de Pecados

Una de las evidencias más impactantes de la autoridad de Jesús aparece cuando perdona pecados directamente. En Marcos 2:5-11, Jesús le dice al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”. Los escribas responden: “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” 

 

Desde la perspectiva judía, el perdón definitivo pertenecía a Dios. Jesús no responde retractándose; por el contrario, sana al paralítico para demostrar que posee autoridad para perdonar pecados. El milagro funciona como señal visible de una autoridad invisible y divina.

Comparación Entre los Profetas y Jesús

Los profetas del Antiguo Testamento actuaban como siervos e intercesores dependientes de la intervención divina. Sus milagros ocurrían después de orar, clamar o recibir instrucciones específicas de Dios.

Con frecuencia utilizaban expresiones como: “Así dice YHVH”, dejando claro que la autoridad y el poder provenían de Dios y no de ellos mismos. 

Jesús, en cambio, aparece en los Evangelios actuando repetidamente con autoridad directa. En lugar de limitarse a transmitir un mensaje ajeno, decía: “Yo te digo”, “Quiero, sé limpio” o “Levántate y anda”. Sus palabras no solo anunciaban el poder divino, sino que ejecutaban inmediatamente aquello que ordenaban. 

Mientras los profetas eran presentados como hombres sometidos al poder del Creador, Jesús reprende directamente al viento, al mar, a las enfermedades y a los demonios. Los relatos muestran que la creación responde a su voz de manera inmediata, algo que en el Antiguo Testamento se asociaba al dominio soberano de YHVH sobre todas las cosas. 

Además, los profetas nunca otorgaban perdón de pecados por autoridad propia, sino que dirigían al pueblo hacia Dios y al sistema sacrificial establecido. Jesús, por el contrario, declaró directamente el perdón de pecados, provocando que los líderes religiosos cuestionaran: “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?”. En respuesta, Jesús confirmó su autoridad realizando milagros visibles como evidencia de esa autoridad espiritual. 

Finalmente, los profetas eran identificados como siervos, mensajeros o instrumentos de Dios. Jesús, sin negar su relación de obediencia al Padre, se presenta en los Evangelios como el Hijo que obra en perfecta unidad con Él, compartiendo sus obras, autoridad y prerrogativas divinas.

Querido lector...

La información presentada no es inventada, sino que proviene de estudios reales de exégesis bíblica, hebreo bíblico, griego koiné, teología sistemática y cristología histórica. Los textos en hebreo y griego utilizados corresponden a manuscritos bíblicos reconocidos académicamente, como el Texto Masorético y las ediciones críticas del Nuevo Testamento griego. Expresiones como וַיִּקְרָא (“clamó”), σοὶ λέγω (“a ti te digo”) o πεφίμωσο (“queda en silencio”) son traducciones y análisis lingüísticos auténticos. Sin embargo, es importante diferenciar entre los datos objetivos del texto, como la gramática, el contexto y las palabras usadas, y las conclusiones teológicas derivadas de ellos.

Por ejemplo, afirmar que Jesús hablaba y actuaba con autoridad directa es una observación textual; concluir que eso demuestra su divinidad pertenece al campo de la interpretación cristológica defendida históricamente por la teología trinitaria. El contenido fue organizado y desarrollado tomando en cuenta el contexto histórico, lingüístico y teológico del judaísmo y del cristianismo primitivo, buscando mantener coherencia académica y fidelidad bíblica.

 

Scroll to Top